El dólar sin Corona, la paradoja que sostiene al peso mexicano
La pérdida de hegemonía del billete verde a nivel global está provocando un efecto inesperado en Norteamérica: actúa como el salvavidas financiero de un T-MEC bajo asedio
Invitado
2 fotos
Por Maestro Jesús Saucedo Morquecho
A principios de 2026, el sistema financiero internacional cruzó un Rubicón silencioso: la participación del dólar estadounidense en las reservas de los bancos centrales cayó por debajo del 57%. Se trata de su nivel más bajo desde 1995, una distancia abismal frente al imponente 71% que presumía en el año 2000.
No es una casualidad macroeconómica; es una mudanza táctica. Solo en 2025, los bancos centrales adquirieron un récord de 1,237 toneladas de oro, encadenando tres años consecutivos de compras históricas. El mensaje de los mercados es contundente: el oro se ha convertido en el colateral a prueba de sanciones definitivo, una lección que el mundo aprendió luego de que Washington congelara 300,000 millones de dólares en reservas rusas en 2022. Si a esto le sumamos el fin de la exclusividad del petrodólar con Arabia Saudita y la salida formal de los Emiratos Árabes Unidos de la OPEP, queda claro que, aunque el yuan apenas represente un modesto 2.7% de las reservas mundiales y ninguna otra divisa esté lista para heredar el trono, el dólar ya no gobierna en solitario.
Lo fascinante de esta erosión es que gran parte del daño es autoinfligido. Las constantes presiones políticas sobre la Reserva Federal y una agenda arancelaria sumamente errática en Washington hundieron el índice del dólar (DXY) un 9.4% en 2025. Es la misma lógica unilateral que hoy tiene en jaque al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y al reparto regional del agua: herramientas de presión a corto plazo que buscan ventajas inmediatas, pero que a mediano plazo dinamitan la confianza sobre la cual se edificó el sistema entero.
La paradoja del peso: vulnerabilidad vestida de fortaleza
Es precisamente en este punto donde las placas tectónicas globales sacuden nuestra geografía regional, desatando una paradoja incómoda. Mientras la incertidumbre por la cláusula de revisión (sunset) del T-MEC sugeriría un escenario de debilidad para México, el peso cotiza con una firmeza sorprendente, rondando las 17.30 unidades por dólar de mayo a julio de 2026 tras haber cerrado el año previo en 18.01.
Para firmas como Franklin Templeton, esta apreciación "no hace sentido económico" si se mira de forma aislada. Sin embargo, la explicación es estrictamente geopolítica: es la propia inestabilidad institucional de Estados Unidos la que debilita globalmente a su moneda, empujando los flujos de capital hacia el atractivo diferencial de tasas de interés que ofrece el Banco de México —entre 275 y 325 puntos base por encima de la Fed—. Hoy por hoy, el peso mexicano capitanea uno de los carry trades más rentables y codiciados del universo de los mercados emergentes.
Cuando la cláusula sunset se activó el pasado 1 de julio, el peso tambaleó apenas unas horas antes de recuperar el terreno perdido. El mercado financiero no ve una moneda en crisis; ve un activo protegido por el filtro del trato arancelario preferencial que ofrece el T-MEC frente al resto del planeta.
Este dato destruye las narrativas de los extremos del debate político:
• A la izquierda nacionalista: Le demuestra que fracturar o descarrilar el T-MEC no sería gratis; la fortaleza estructural del peso depende críticamente de que ese diferencial arancelario siga existiendo.
• A la derecha ortodoxa: Le comprueba que el peso no depende de un dólar fuerte y omnipotente; en pleno 2026, la divisa mexicana se fortalece a pesar de —y en gran medida gracias a— la erosión del ancla estadounidense.
El dilema norteamericano: ¿Fortaleza en red o Balcanización?
Esta realidad redefine por completo la matriz de escenarios para el futuro inmediato de la región. Si el bloque logra preservar el libre comercio mientras ejecuta una sincronización monetaria tácita —con Banxico concluyendo con cautela su ciclo de recortes y la Fed manteniendo la guardia alta—, Norteamérica podría consolidarse como una "Fortaleza en Red". Bajo este escenario, la región se convertiría en uno de los pocos refugios económicos globales donde el declive del dólar no provoque una fuga masiva de capitales, asegurando la llegada de entre 10,000 y 20,000 millones de dólares anuales por concepto de nearshoring proyectados para el bienio 2027-2028.
Por el contrario, si la miopía política fragmenta el bloque hacia una "Balcanización Acelerada", Norteamérica perderá el único amortiguador que posee contra un fenómeno que ninguno de sus tres miembros puede contener por separado: la reconfiguración irreversible del sistema monetario global.
El trono equivocado: hacia una zona monetaria coherente
El error de diagnóstico fundamental de las élites políticas actuales es interpretar la desdolarización global como una afrenta que Norteamérica debe combatir blindando el trono del billete verde. No es necesario. El verdadero éxito del bloque no radica en mantener la hegemonía mundial del dólar; radica en lograr que el peso, el dólar estadounidense y el dólar canadiense operen como una zona monetaria cohesionada y blindada por preferencias comerciales reales, mientras el resto de
las economías se reorganizan alrededor del oro, el yuan o redes de pago alternativas como la plataforma transfronteriza mBridge.
El gran vacío actual es institucional. Mientras que el agua cuenta con la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) desde 1944, y el sector de minerales críticos diseña a marchas forzadas sus propios acuerdos bilaterales, en materia monetaria Norteamérica no cuenta siquiera con un borrador de coordinación. Lo que tenemos son tres bancos centrales reaccionando de manera aislada ante un gigante cambiario que ya no puede sostener el peso del mundo entero sobre sus hombros.
La señal en el tablero
El diferencial de tasas México–Estados Unidos es, en este momento, la variable más crítica de la región. Si este margen se comprime por debajo de los 275 puntos base debido a movimientos cruzados de Banxico y la Fed, el andamiaje del carry trade que sostiene al peso perderá tracción en el peor momento posible.
Las decisiones de política monetaria de los meses de julio a septiembre no serán simples tecnicismos financieros; serán los verdaderos epicentros de volatilidad que definirán el destino cambiario del país mientras el T-MEC encuentra —o pierde— su rumbo definitivo.
Las siguientes entregas de esta serie abren tres frentes que la revisión del T-MEC ha puesto sobre la mesa sin resolverlos: la variable drogas y el peso real de Canadá en ella, el verdadero valor estratégico canadiense dentro del bloque, y la aritmética completa de lo que Norteamérica gana —y arriesga— al integrarse. La transición demográfica y migratoria queda como epílogo de la serie.
*El uso de la IA, actuó únicamente como un catalizador en la ingeniería lingüística del documento.
Estudiantes de la UAT desarrollan nanocompuesto para combatir células cancerosas
¿Y si la realidad en la que crees fue diseñada para ti?
Sobre el autor
Invitado
Lee también