DESPUÉS DEL TRONO
Serie sobre Norteamérica, poder y futuro — Entrega III
Invitado
Por Maestro Jesús Saucedo Morquecho
Maestrías en Gobierno y Políticas Publicas y en Nuevos Negocios Digitales.
El modelo olvidado de Norteamérica
Hay una herramienta binacional entre México – EE.UU. que funciona en silencio desde 1944: el Tratado para gestionar el agua, que por cierto, (me llamo, el Ex Gobernador de Chihuahua, Patricio Martínez, para compartirnos, la información, que, en el Tratado, se reconoce, que los 2 países son dueños de la mitad cada uno del agua del rio Bravo, pues es la parte limítrofe entre las 2 naciones), que en ninguna parte del documento se menciona la obligación de México, de entregar agua a EE.UU. de la cuenca del Rio Bravo, como se nos ha hecho creer en el noreste de México.
Hoy, la gran pregunta es si este viejo modelo de ochenta años se usará para gobernar dos recursos clave del futuro:
• Los minerales críticos
• El cómputo de inteligencia artificial
Aunque el éxito del pasado ya demostró que es posible trabajar en equipo, el bloque de países aún no decide si replicará la fórmula. La historia comenzó a escribirse este año, y su resultado final todavía es un misterio.
La prueba de que el modelo existe
La Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA-IBWC) es la prueba de que ya nos hemos puesto de acuerdo y se sabe construir gobernanza compartida por dominio específico: ochenta años de un organismo técnico binacional, con protocolos —Actas— que se negocian y ejecutan al margen de la temperatura política del momento. No es un imperio con capital única. Es una arquitectura sin centro. Y funciona.
Hoy, no vale preguntar si TMEC, sabrá construir ese tipo de institución. Es si va a construir una nueva para cada dominio que lo necesite, o si va a seguir gobernando todo lo demás con la lógica del siglo XX: cumbres, aranceles, un centro único que decide por los demás.
El primer caso de prueba: los minerales críticos
El 4 de febrero de 2026, Estados Unidos y México firmaron su primer plan de acción conjunto sobre minerales críticos —litio, cobalto, tierras raras, los insumos que ningún tratado previo, ni siquiera el T-MEC de 2020, contempló como estratégicos. El objetivo declarado es reducir la dependencia de China, que concentra la mayor parte del procesamiento mundial de tierras raras. El representante comercial Jamieson Greer y el secretario Marcelo Ebrard firmaron el acuerdo; Washington fijó sesenta días para desarrollar los mecanismos concretos.
Hay un detalle que no debería pasar inadvertido: Canadá no aparece en ese anuncio. El plan es bilateral, no trilateral, pese a que Canadá concentra buena parte de los minerales estratégicos y del capital financiero que la Entrega I identificó como el segundo vértice del triángulo Austin–Toronto–Monterrey.
El mismo mes, Washington reunió en Washington a cancilleres de 55 países para la primera Reunión Ministerial de Minerales Críticos, firmó once marcos bilaterales nuevos en un solo día, y lanzó Pax Silica, una coalición de nueve socios para asegurar minerales, energía, cómputo y semiconductores frente a China —incluyendo ya un primer acuerdo de cooperación en inteligencia artificial con Argentina bajo ese mismo paraguas. Es, en efecto, el primer intento serio de construir la arquitectura de gobernanza que va a decidir quién controla la cadena de suministro de la inteligencia artificial.
Pero el diseño es el opuesto al de la CILA. No es una comisión técnica de igual a igual, sostenida por ocho décadas de protocolos compartidos. Es un modelo de rueda y radios, con Washington en el centro y cada socio negociando por separado.
El fork del que habla esta serie
Ese es, en los términos de esta serie, el punto exacto donde se bifurcan Fortaleza en red e Imperio de repuesto. La CILA demuestra que Norteamérica sabe construir el primer modelo: gobernanza compartida, sin centro único, sostenida en el tiempo. Pax Silica, tal como se anunció en febrero, está construyendo el segundo: un imperio más pequeño, con más aliados, pero con la misma arquitectura de poder concentrado que esta serie sostiene que ya no alcanza para gobernar cinco transiciones a la vez.
Hay, todavía, una señal en sentido contrario. En marzo, el subsecretario de Comercio Exterior de México, Luis Rosendo Gutiérrez, declaró públicamente que el T-MEC seguirá siendo trilateral al concluir la revisión, y el sector privado —a través del Consejo Mexicano de Negocios— pidió expresamente ampliar la cooperación trilateral en minerales críticos, tecnología y cadenas de suministro estratégicas. El comercio dentro del bloque ya ronda 1.8 billones de dólares al año, con el intercambio bilateral México–Estados Unidos cerca de un billón. La intención declarada existe. Lo que todavía no existe es una institución con el diseño de la CILA —técnica, trilateral, blindada del ciclo político— para los minerales críticos, el cómputo o la inteligencia artificial.
El giro disruptivo de esta entrega
Hoy EL TMEC, no necesita inventarse desde cero un modelo de gobernanza post-hegemónica. Necesita copiar el que ya tiene funcionando desde 1944 aplicado por México y EE.UU. El CILA nunca se diseñó para minerales críticos ni para cómputo de IA, pero su arquitectura sí es trasladable: protocolos técnicos, ejecución trilateral, blindaje frente al ciclo político de cada sexenio o cada elección de medio término.
La diferencia entre que la próxima década se parezca a Fortaleza en red o a Imperio de repuesto no la va a decidir el tamaño del PIB combinado del bloque. La va a decidir si alguien, en los próximos sesenta días de la mesa técnica que ya abrieron Greer y Ebrard, se atreve a proponer algo tan poco atractivo en un titular y tan eficaz en la práctica como una nueva Acta.
La Entrega IV de esta serie explora si la misma arquitectura institucional puede sostener algo más volátil que el agua o los minerales: el papel del dólar como ancla monetaria del bloque, en una década en la que su posición como reserva global ya no está garantizada.
*Este artículo, recibió información generada por IA, para su terminación.
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